viernes, 14 de octubre de 2011

Qué extraña fascinación...


...aquella que identifica pasión con amor. A la obsesiva predilección de nuestro tiempo por este último, habría que añadir una sintomática desesperación fruto de la ausencia de baluartes, más propio también de hoy que de ayer. No obstante, creo más bien que esta identificación es excepcional, rara. No así el socorrido cinismo con el que ambos conceptos se ensamblan, su utilitarismo salvador, la coartada feliz donde claudica la razón, así como el mismo añorado amor.









1 comentario:

Mayte_DALIANEGRA dijo...

Ciretamente, identificamos pasión con amor, aun cuando la pasión pueda ir unida al sexo y no al amor. Quizás habría que puntualizar que no todo el amor espasional, ni todo el sexo, pero hay sexo pasional y amor pasional y este último contendría una gran dosis de erotismo.

En mi caso, debo ser muy convencional, pues soy una adicta al amor, pero no al amor anodino, sino al encendido, al pasional. En mi caso, pasión, amor y sexo son una misma cosa, porque nunca he tenido sexo sin amor, ni amor sin sexo y tampoco amos sin pasión, de hecho, cuando se agota la pasión, se acaba el amor propiamente dicho y queda sólo el rescoldo del cariño o la amistad.

En fin, estas cosas no sólo dependen de la mentalidad colectiva de cada época, sino también de cada individuo, de su personalidad. Sé de mucha gente incapaz de enamorarse y de otros incapaces de sentir pasión alguna aun cuando se enamoren y es que la pasión sólo la sentimos los que llevamos un fuego dentro.

Me ha gustado mucho tu disertación y tu novedoso punto de vista.

¡Un besito y feliz finde!