sábado, 27 de diciembre de 2008


ULTIMÁTUM
(Smile & Hope)

Entre el cielo y la sombra, prendidos a esta tierra de nadie, limitado el tiempo que nos contempla, y ciegos, arrastrando esta ceguera como una maldición, como la materia inerte y expansiva, ignorada y sutil, de la que está hecho el universo... En alguno de sus recónditos pliegues se dirime, ínfimo, el drama humano. Puede, entonces, que de nada nos sirva la luz, ni los impulsos del sentido abriéndose paso por entre el fárrago de las palabras, de la infinita escritura, del amor auténtico —no del que embauca—, de todo lo que contemplo...
Aun así, concédete un paseo como si fuera lo último que hagas. Rubrica tus actos en un gesto final e indiferente. Sonríe y espera. No pretendas ser más que limpio espejo de cuanto te circunda. Busca, para tal fin, el ejemplo en la rama que se entrega, sin intención, al aire.


Come mi vuoi?
cosa mi dai?
dove mi porti tu?

How do you want me? what do you give me?
where do you drag me?

Come mi vuoi?
cosa mi dai?
dove mi porti tu?
Dammi un sandwich e un podindecenza
e una musica turca anche lei,
metti forte che riempia la stanza
dincantesimi e spari e petardi,
eh, come mi vuoi?
Che si senta anche il pullman perduto
una volta lontana da qui
e lodore di spezie che ha il buio
con noi due dentro al buio abbracciati
eh, come mi vuoi?

Take a sandwich and my indecent charm
hear a music, eh, what do you think?
Swinging, swinging see:
this room is flying
through the sorceries, firework and bangers
Man, this is your world.



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miércoles, 24 de diciembre de 2008

martes, 9 de diciembre de 2008


PERVERSIÓN

Con demasiada facilidad el resentimiento maneja la mano ignorante o la mano taimada. Acaso ambas sean la misma a la hora de dibujar el exabrupto, aquella que oculta la realidad en aras de que cuadre la perversa cuenta de resultados. Se nos hace creer que las víctimas son hoy lo mismo que fueron sus verdugos. Es en esta constante obscenidad en la que se obliga a permanecer al hombre moderno. "¿Qué manda la voz de Auschwitz?", se pregunta E. L. Fackenheim: entre otras cosas, se prohíbe a los judíos "desesperar del hombre y su mundo, y buscar escapatoria en el cinismo o el espiritualismo, para que así no contribuyan a entregar el mundo a las fuerzas de Auschwitz".



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lunes, 1 de diciembre de 2008





PÁGINAS ESCOGIDAS [ 1 ]

Existen libros que vienen en el momento justo, y ese es el de la madurez. "Intelectuales" es un libro para la madurez, y acaso también lo sea para aquellos jóvenes dotados de la insana tendencia a pensar, dispuestos a no dejarse infectar por la mórbida costumbre de la ideología.
Mientras fuimos tiernos e ingenuos muchachos nos tragamos las mayores falacias sin pestañear, las deglutimos sin miramientos y nos empachamos de palabrería huera pero sumamente dañina. No es nuevo que la humanidad siempre se ha dejado seducir por grandes palabras de amor a sí misma, lo suficientemente grandilocuentes como para ocultar la personalidad de quienes las proferían. Sin embargo, era más que evidente que detrás de los grandes discursos se agazapaban almas de una crueldad insoportable, mezquinas hasta el extremo, habilidosas en el arte de la escritura —que es tanto como decir de la seducción—, y tan dotadas para sobrellevar una desbordante capacidad de trabajo como para la ambición desmedida, sustentada en la autopropaganda y la mentira sistemática —el capítulo más representativo, y también grotesco, de esto último tal vez sea la declaración de Bertolt Brecht ante el Comité de Actividades Antiamericanas y el agradecimiento público con que este último agasajó al autor alemán por su actitud colaboradora, mientras que la dignidad de otros les condujo directamente a presidio (pág. 308)—.
Sabido es que en todo tiempo y lugar cualquier tonto con olfato para la oportunidad acaba haciendo relojes. Si, además, el relojero dispone de innata genialidad, alejándose de este modo de cualquier forma de estupidez paralizante, y, por añadidura, sus intereses se centran en fundar alguna clase de novedosa moralidad, entonces el cuadro puede adquirir tonos de siniestro melodrama. De esto último están repletas las páginas escritas por Paul Johnson, así como de variadas tipologías de neurosis y de idénticas formas de manipulación repitiéndose insidiosa entre los intelectuales que han terminado por constituirse en pilares ideológicos de nuestra cultura. Sin duda es esto lo más grave. No tanto que se abra la intimidad de estos "popes" a la indagación de nuestra mirada inquisitorial, y que acabemos sabiendo que no fueran muy dados a practicar las diversas manifestaciones del agradecimiento, que se aprovecharan sistemáticamente de todas sus mujeres —la aplastante mayoría de cuantos aparecen en el libro fueron hombres— o que tuvieran relaciones problemáticas con el dinero, o de convivencia con sus semejantes. Con ser ya de por sí sugestiva la posibilidad de meternos donde no nos importa, lo que en ningún momento hace Johnson es justificar el genio, o echarlo definitivamente por tierra, en virtud de la trayectoria vital de quienes lo detentaron, y eso que en todos los casos esas vidas resultan patéticas debido a su progresiva degradación. Por el contrario, se rastrean en las vidas de estos personajes las posibles adhesiones a la verdad o a la mendacidad, así como las incoherencias y traiciones que acaban por conformar el hábitat común de la intelectualidad profesional: "Una de las cosas que emergen con fuerza ante el estudio individualizado de los intelectuales es su escasa preocupación por la veracidad. Con lo ansiosos que se muestran por promover una Verdad redentora y trascendente, el establecimiento de la cual consideran una misión por el bien de la humanidad, demuestran escasa paciencia con las verdades mundanas, las cotidianas, representadas por los hechos objetivos que se interponen en el camino de sus argumentos. Dichas verdades menores y extrañas son apartadas, falsificadas, invertidas o incluso deliberadamente suprimidas" (pág. 457).
De este amplio paseo por el infierno, del que difícilmente se sale indemne, muy pocos logran salvarse, gracias, sobre todo, a su personal honestidad (Edmund Wilson, George Orwell, Evelyn Waugh) y, por tanto, acaban desmarcándose, casi sin quererlo, de las filas de la intelectualidad militante. Pero son la excepción. Cada una de estas páginas son la ilustración de lo siniestro, de la realidad más negra, puede que también de la enfermedad crónica que incapacita a nuestra cultura. ¿A quién no le da un pasmo con sólo pensar en los intelectuales que estén hoy perpetrando las falacias del inmediato futuro?

JOHNSON, Paul: Intelectuales, Homo Legens, Madrid, 2008





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lunes, 24 de noviembre de 2008


RUTINA

Está hecha de objetos, del polvo acumulado durante horas y días hasta ocultar nuestros gestos con su fina capa de desidia. Me construye y me deshace. Es el designio del tiempo, agazapada bajo una falsa seguridad traidora. Sus otros nombres son "conformidad" y "abulia", como cuando se viaja dentro de un vagón sin sentir la inercia del trayecto. Como cuando nos reconocemos —de un modo misterioso— en el apacible y somnoliento acomodo que practican, indolentes, los gatos.






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jueves, 13 de noviembre de 2008


FRASES HECHAS
(para ser escritas con desgarro, una a una y a diario, frente a la casa de la amada)

En mala hora hallé unos ojos, brasas.
No aplaco desde entonces el tormento.
No veo de olvidarte el momento.
No me libro del fuego que me abrasa.

En ti vivo. Olvido hacerlo en casa.
Hasta el cielo se alza mi contento.
Habitas con holgura el pensamiento.
Eres condena eterna y sin tasa.

Los minutos son horas. Desespero.
Las horas días son si tu alimento.
Preso estoy de ti. Tú, mi carcelero.

Ardo por no poder beber tu aliento.
Ajeno tu vivir a mi avispero.
Duele este querer. Lo juro. No miento.

Soneto concebido como un juego e inspirado por sucesivas pintadas que he ido encontrando y que, en la misma esquina, daban fe, una vez tras otra, de la obsesión de un amante gravemente dolorido, como suelen ser todos los amantes dignos de tal nombre



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sábado, 8 de noviembre de 2008


IN MEMORIAM
(A. G. P.)

A ser padre no se enseña, y creo que uno no toma verdadera conciencia de ser hijo sino cuando ya es un poco tarde. Por paradójico que parezca, yo me siento más hijo y más nieto hoy que nunca. Justo en el momento de cruzar el ecuador de la existencia —Nel mezzo del cammin di nostra vita, como escribió el clásico— comienzan a abundar los recuerdos; sólo cuando uno cuenta con una edad más que suficiente como para considerarse un padre ya maduro, sólo entonces —es decir, en este preciso momento— se me agranda la figura paterna como se le agrandaba a mi padre la figura de mi abuelo, y recuerdo que me lo decía, y yo como niño no alcanzaba a comprender del todo el sentido de aquellos elogios.
Con cuánta celeridad transcurre nuestro tiempo y, lo que resulta aún más enigmático, con qué exactitud nos modela según los antojos del ineludible destino. No me puedo creer que hoy esté aquí, recordándole, mirando, como casi seguro que él siempre hacía, en dirección a una ausencia. La suya. La de tantos otros antes que él.

Nada o muy poco sé de mis mayores
portugueses, los Borges: vaga gente
que prosigue en mi carne, oscuramente,
sus hábitos, rigores y temores.

Contemplo el hueco del que un día formaré parte y te veo ahí, el más cercano de toda una infinita sucesión de cuerpos e inquietudes, de esfuerzos claudicantes o felizmente recompensados.

Tenues como si nunca hubieran sido
y ajenos a los trámites del arte,
indescifrablemente forman parte
del tiempo, de la tierra y del olvido.

Dime si no es la mayor de las extrañezas esta de traerte aquí, ante la página en blanco, no olvidado todavía, otorgándote —si es que a mí me corresponde tan alto designio— alguna otra forma de precaria eternidad.

m m m

I´m Still Here
You haven´t looked at me that way in years
You dreamed me up and left me here
How long was I dreaming for
What was it you wanted me for
You haven´t looked at me that way in years
Your watch has stopped and the pond is clear
Someone turn the lights on
I´ll love you til all time is gone
You haven´t looked at me that way in years
But I´m still here

(ALICE ww Tom Waits w Kathleen Brennan)






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viernes, 7 de noviembre de 2008

ÚNICO VIAJE

Todos los viajes los reduje a un único viaje. Trazo exclusivo, convencional. Con él uno dos puntos que distan entre sí lo suficiente para hacer un autorretrato plano, sin matices, demasiado pequeño. 
Pocas cosas conmueven tanto como llegar al destino, sentarse en el centro del minúsculo patio abierto y levantar la vista para observar el fuselaje plateado de los aviones dorándose por el sol —cual si fueran ángeles—, allá en lo alto, surcando el cielo limpio en dirección a cualquier punto misterioso del planeta.
Por mi parte, he estado siempre regresando al oeste, con el sol declinando por delante del parabrisas, engastado rubí cuyos destellos son una lección sin retórica, un ejemplo de reiterada mansedumbre.
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