lunes, 16 de marzo de 2015

ESCENA DE INTERIOR






La señora me hizo pasar a un salón elegante. Tuve entonces la sensación de encontrarme en el centro de un universo en el que comencé a sentirme vulnerable. Me invitó a sentarme, y con una torpeza propia del momento, lo hice antes de que ella se acomodara en el que debía de ser su sillón favorito. Mal comienzo. Llevaba un vestido ceñido, de color rojo, que dejaba ver sus rodillas, así como el comienzo de los muslos, ante los que tuve que reprimir algunas miradas indiscretas. He de reconocer que nunca me había visto ante una auténtica señora; su delicadeza en los gestos, su manera de mirar y de prestarme la atención que sin duda no merecía no se parecían ni de lejos a los modos de las mujerzuelas a las que estaba acostumbrado a tratar en las tabernas malolientes que frecuentaba.
—¿Desea tomar algo? —me preguntó con una voz que era todo dulzura.
Quise olvidar qué me llevó a aquella casa. Como pude, acerté a responderle que un brandy, algo que me quemara la garganta y que de un trago me despojase de aquella conmoción para mí inaudita.



2 comentarios:

L. N.J. dijo...

https://youtu.be/j7F6fgDr-u8

L. N.J. dijo...

Tienen estos vídeos la peculiaridad de las imágenes. La música en definitiva es lo que importa.